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Grasas saturadas, azúcar y función cognitiva

Desde hace años es fácil escuchar frases parcialmente ciertas como “tienes que tomar glucosa para que tu cerebro funcione” o “toma dulce antes de un examen para estar más atento”. En la entrada de hoy veremos cuánto de cierto tienen estas afirmaciones. Entre los factores que influyen en nuestras habilidades cognitivas, puede que uno de los más famosos sea la ingesta de glucosa y carbohidratos en general.

Más relacionado con el mundo de los esports alguna vez habremos oído que tomar con azúcar nos ayudará a estar más concentrado en el partido y a rendir mejor.

En el post de hoy veremos cómo dos nutrientes como son las grasas y los hidratos de carbonos, más específicamente, las grasas saturadas y los azúcares refinados puede afectar a nuestra función cognitiva y a su rendimiento.

Grasa saturada y función cognitiva.

La ingesta de grasa saturada se ha relacionado con la disminución de varias funciones cognitivas como es el caso de la memoria o la atención. Estos resultados negativos se han hecho extensivos también a la memoria a largo plazo, la memoria de trabajo y la fluidez a la hora de hablar.

Deberíamos priorizar por tanto en nuestra dieta la presencia de pescado frente al de la carne, en especial de aquellos productos derivados con más grasa saturada (embutidos o procesados).

Azúcar y función cognitiva.

No sólo la grasa saturada se ha relacionado con estos peores resultados, la ingesta de azúcar refinado produce a corto plazo pérdida de memoria postprandial (después de comer) tanto en adultos sanos como en personas con diabetes. También se ha asociado con el deterioro cognitivo, la aparición de enfermedades crónicas.

La combinación además de estos dos factores (azúcares refinados y grasa saturada) es aún más negativa. Esta coincidencia se daría en el caso del consumo de algunas comidas procesadas (dulces, chocolates, lácteos azucarados…) que también se han asociado con peores resultados en test de fluidez verbal y vocabulario.

En definitiva, las dietas con altas ingestas de ácidos grasos saturados y altos índices glucémicos producen peores puntuaciones en diferentes test neurológicos, además, las dietas occidentalizadas no sólo se relacionan con enfermedades crónicas como la hipertensión, sobrepeso, obesidad, dislipemias… sino que se empiezan a encontrar relaciones con el TDAH y ciertas enfermedades neurodegenerativas.

La dieta por tanto es uno de los factores que podemos modificar en nuestro día a día para mejorar nuestras habilidades cognitivas, entendiendo por supuesto que hay otros muchos factores que influyen en ella. No quiero con esto lanzar el mensaje de que existen “alimentos para pensar” o “alimentos que ayudan a tu concentración”, ya que serían mensajes fraudulentos y que inducen a error. Se trata más de seguir pautas generales que nos permitan tener una dieta saludable que repercuta de forma positiva en nuestra capacidad de atención, memoria y concentración.

Autor:
Alejandro Guzmán Ríos.
    
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