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Estrés en competición

     
Cuando llega la hora de la verdad, uno de los primeros estados que podemos experimentar en una competición es el estrés.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el estrés se define como el conjunto de reacciones fisiológicas que preparan el organismo para la acción.

¿Qué tipos de estrés encontramos?

  • El estrés positivo, que es aquel que nos activa, nos pone alerta y moviliza nuestros recursos para enfrentarnos con éxito a la competición. Es ese nerviosismo, ese cosquilleo que nos corre por el cuerpo y que nos da ese plus para rendir al máximo de nuestras capacidades. Este estado contribuye a que obtengamos un buen rendimiento.

  • El estrés negativo, que se produce cuando esa activación del cuerpo, o bien supera ciertos límites y se traduce en un estado de ansiedad que no somos capaces de controlar, o nos bloquea e inhibe nuestra respuesta motora. Este estado puede generar, entre otros:

    • Alteraciones fisiológicas como incremento del ritmo respiratorio y del ritmo cardíaco, temblores, exceso de sudoración, malestar de estómago, etc.; que influyen en nuestro estado físico y repercute en aspectos técnicos y, por tanto, en nuestro rendimiento deportivo.

    • Problemas para concentrarse y mantener la atención.

    • Pérdida de motivación y de las ganas de continuar.

    • Bloqueo de nuestras capacidades.

    • Incapacidad para tomar decisiones en momentos importantes.

    • Frustración y agobio.

    • Estados emocionales adversos como temor, inseguridad o ira.

    • Pensamientos negativos que afectan a la percepción de nuestras capacidades para ser competitivos.

    • Acciones, a veces inconscientes, para “escapar” o evitar la competición.

    • Sensación de debilidad y falta de energía.

    • Aumento del riesgo de lesiones antes y durante la competición.

    • Bajo rendimiento con resultados por debajo de lo estimado.

¿Por qué generamos tanto estrés ante una situación que nosotros mismos deseamos?

Elegimos competir por la satisfacción que experimentamos al ponernos a prueba, la inyección de adrenalina, el llevarnos al límite, el obtener un reconocimiento, el conseguir unos objetivos específicos, etc. Pero existen otros factores de la competición que pueden generarnos una sobrecarga y someternos a una presión y una exigencia tales que mermen nuestras capacidades para rendir de manera eficaz.

Y es aquí donde está el secreto sobre el estrés en competición: las cuestiones no son “esos factores” que influyen en nuestro rendimiento, sino la valoración subjetiva que hacemos de los mismos, la interpretación personal que hacemos de estos factores en relación con nuestras expectativas y exigencias.

Es por eso que un mismo factor puede afectar de manera diferente a diferentes personas o incluso afectar de forma diferente a la misma persona en momentos diferentes. Entre las situaciones que pueden influirnos a la hora de generarnos este estrés negativo podemos encontrar:

  • La inversión personal que hemos realizado, el esfuerzo, sacrificio, dedicación e ilusión, frente al riesgo de no obtener los resultados esperados.

  • Sentir la responsabilidad de cumplir unos determinados objetivos.

  • El miedo a decepcionar a nuestra gente.

  • El prestigio personal y profesional.

  • Creer que nuestra valía depende de los resultados.

  • El sentirnos juzgados y evaluados por un público que espera unos resultados.

  • El miedo a fracasar.

  • Jugarnos una clasificación para una competición más importante.

  • La presión de los medios de comunicación y la imagen pública.

  • El competir en casa puede añadir un plus a la presión social.

  • Dejar al descubierto posibles debilidades.

  • Motivos económicos y/o laborales: puede estar en juego un contrato, una beca, una carrera deportiva y/o un cambio vital que puede influirnos.

  • Mantener una posición.

  • Rivalidades

  • Malas experiencias anteriores que nos afectan en el momento presente.

  • Repercusión sobre la trayectoria profesional del deportista.

Todos estos motivos pueden suponer una amenaza a la confianza y seguridad del deportista. Supone un nivel de responsabilidad que a veces nos auto imponemos y que hay que saber gestionar. Y si, consciente o inconscientemente, el deportista percibe que quizá no pueda controlarlo, el cuerpo actúa boicoteando el trabajo de uno mismo.

¿Cómo afrontar entonces el estrés en competiciones de esports?

Habiendo entendido lo anterior es más fácil entender que existen dos componentes fundamentales sobre los cuales debemos trabajar para reducir el estrés previo en a una competición:

  • Componente físico: los nervios, temblores, bloqueos, hormigueos, etc.

  • Componente cognitivo: la presión, el temor y la inseguridad, la incertidumbre, la valoración subjetiva y los pensamientos negativos relacionados con la competición, el miedo a veces inconsciente que supone asumir tantas consecuencias que no podemos controlar y que al mismo tiempo se derivan de nuestra actuación.

Al igual que entrenamos una jugada antes de una competición estas dos variables debemos trabajarlas con un profesional para que cuando llegue el día de la competición estemos preparados para ellas.

Estrategias para afrontar el estrés.

  • Una primera estrategia efectiva de afrontamiento del estrés sería minimizar ciertos tipos de cogniciones y reducir la cantidad de auto-reflexiones respecto a la situación estresante, al menos en situaciones que requieran una rápida respuesta física. Es decir, bloquear los mensajes amenazantes o desagradables e incrementar la información que pueda contribuir a una ejecución óptima.

  • Otra estrategia muy conocida y utilizada es la de relajación, que en muchos sujetos resulta más rápida y fácil en comparación con otras estrategias o procedimientos. La relajación somática, generalmente basada en la técnica de relajación muscular progresiva de Jacobson (1938), parte de la consideración de que la ansiedad y el estrés se traducen en tensión de diversos grupos musculares del cuerpo y se recurre a tensar y relajar sucesivamente los mismos. Esta constituye una estrategia de afrontamiento que puede utilizarse con rapidez en situaciones estresantes sin interferencias con las conductas orientadas a una tarea en realización (Jacobson, 1938).

  • Una tercera estrategia de afrontamiento utilizada con frecuencia por deportistas es el auto convencerse de que uno va a tener éxito y no existen motivos para preocuparse, es decir, ganar control sobre la situación estresante. Esta estrategia se basa en el desarrollo teórico de Bandura (1977), quien afirma que los cambios de conducta están mediados por un mecanismo cognitivo denominado «autoeficacia».

  • Una variante de la estrategia anterior implica la atribución del fracaso en una competición anterior a una falta de esfuerzo, de forma que el deportista puede así mantener la creencia de que su capacidad y habilidad es suficiente para tener éxito la próxima vez siempre que se realice un esfuerzo suficiente (Grove y Pargman, 1986).

  • La imaginería mental utilizada como estrategia de visualización también puede resultar de extrema utilidad y es una técnica que puede ser utilizada con frecuencia en el ámbito del deporte, sobretodo en situaciones pre-competitivas. Muchos deportistas tratan de representarse mentalmente antes de la competición como se va a ir desarrollando esta.

En definitiva, no se trata de eliminar el estrés, sino de ser capaces de experimentarlo de manera controlada.

 
Autor:
Alejandro Guzmán Ríos.
    
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